INE-VI-TA-BLE-MEN-TE

INE-VI-TA-BLE-MEN-TE
Por: Carlos Albalá & Elizabeth Ransanz

Son muchas las ocasiones en las que el espacio de aprehendizaje, esa zona de desarrollo próximo creada semióticamente a través del diálogo, se ve corrompido por una tensión propia e impúdica de aquellos que nada quieren entender o cuyo devenir es un mero tránsito, del que adhiere su visión a toda costa desde las alturas o del que proyecta su sombra, sin consentimiento ni requerimiento alguno.

«Rachâchant» de Danièle Huillet e Jean-Marie Straub. 1982

Al igual que para el infante de Rachâchant, los lugares comunes donde la educación formal se ubica, se encuentran revestidos de un paradigma arcaico, fundamentado en escolásticas jerarquías o por contra se generan los espacios simuladores y aparienciales de meras aproximaciones a los temas realmente importantes de la vida

Es necesario transformar las aulas de lugares continentes a espacios emergentes, crear nodos autorreferenciales que alumbren ideas conjuntas en detrimento del conocimiento dado, y otorgar al docente la labor de partero del fruto de sinergias colaborativas, poniendo de manifiesto que el sentido de las rutinas cotidianas está subordinado al “sentido de la vida”, escuela como acontecimiento de natalidad educativa (Gil Cantero, F. 2010).

Es en el espacio creativo donde el individuo, puede experimentar sin ningún miedo el sentimiento de extrañamiento de sí mismo frente al proceso que en ese momento requiere su respuesta, produciéndose una vivencia de discontinuidad en el tiempo, discontinuidad en el espacio, que nos sitúa en el intersticio entre realidad y ficción donde podemos cuestionar y afirmar lo esencial de la vida misma, donde podemos cuestionar y afirmar nuestra identidad en la alteridad.

«Rachâchant» de Danièle Huillet e Jean-Marie Straub. 1982

Este espacio fronterizo donde los límites se resignifican y se deconstruyen los hábitos, implica un reordenamiento y revalorización del sentido de los vectores interrelacionales, mostrándonos la complejidad de la experiencia y abriendo el horizonte de la verdad. En definitiva, es afrontar la paradoja que posibilita la amplificación de lo real hacia lo posible a través de la ficción y la tensión de la realidad que nos mueve a la acción, un espacio “donde la arena es playa y no desierto” (Hugo Múgica)

Más, ¿cómo realizaremos el necesario giro metodológico? ¿Es posible?

INE-VI-TA-BLE-MEN-TE sí.

Mil gracias a Marco Balesteros por descubrirnos esta joya de cortometraje.

Autor: Carlos Albalá

Tal vez sea un desaprendedor vocacional de apellido con vínculo

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